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Rem Koolhaas es un personaje de difícil encaje en el espectro arquitectónico actual. No sería posible entender su pensamiento y su obra sin una previa referencia histórica y una atenta descripción del contexto que la sustenta. En un momento de incertidumbre y de escasez de modelos, la arquitectura sigue la corriente. Ante la falta de hondura y de referencias válidas por qué no seguir las leyes de mercado, o mejor, por qué no inventarnos una nueva realidad.

 
Autor: Antonio Puerta López-Cózar
Publicado en: Nuestro tiempo, Nº. 631-632, 2007, págs. 26-39 (ISSN 0029-5795)
Le Corbusier y la ciudad de Chandigarh

Le Corbusier lidera un periodo emocionante de la historia de la arquitectura: el movimiento moderno. Su legado arquitectónico ha constituido un filón inagotable de recursos para las generaciones posteriores. Sin duda se le puede considerar un auténtico monstruo pues advirtió el poder de la arquitectura como catapulta de las ideas y ambiciones del momento histórico. Ese convencimiento le llevó a encontrar respuestas a las necesidades sociales e ideológicas que serían, no en balde, las que conformarían la incipiente sociedad democrática del siglo XX.

Unos cuantos años después de su muerte, a partir de 1972, se produce en la arquitectura una crisis económico-ideológica, reflejo de la sociedad dominante, que inicia una serie de transformaciones y rápidos cambios dirigidos a servir a los nuevos intereses del capitalismo. Un sistema económico que se asienta y se extiende ya en algunos países, como Japón, con una ausencia casi total de ambiciones sociales. Estados Unidos le pisa los talones junto con países europeos como Holanda. Por el contrario, existen otros países, como España, donde rigen teóricamente las ideologías, y lo que antes se entendía por ambiciones sociales se ha tornado en "libertades sociales"; es decir, con el pretexto de ampliar libertades se adoptan leyes sin ninguna limitación ética. Se impone una actitud puramente utilitaria ─cínicamente maquillada─ capaz, por ejemplo, de proteger a un embrión de los efectos dañinos del tabaco cuando no se le reconoce su derecho más primordial a existir. Un simulado Estado de Derecho que esconde su crisis más profunda al no aceptar ninguna referencia válida que no sea la utilitarista. En ese contexto, la arquitectura, que podría servir para reafirmar una determinada idea del hombre o su identidad cultural, se ve con frecuencia mutilada y orientada exclusivamente hacia suculentas operaciones macro-económicas. Véase sin ir más lejos el negocio que ha supuesto el Museo Guggenheim en Bilbao.

Ante este panorama no resulta difícil reconocer el fracaso del movimiento moderno, que venía a reforzar la democracia y la igualdad y acabó por atrincherarse en un lenguaje purista y acartonado. Moneo, hablando sobre el lenguaje de la arquitectura moderna, recordaba que Eisenman sostenía, con algunos otros arquitectos, que la modernidad no había llegado a su término, no había alcanzado su plenitud. Y también, cómo Gehry, con su arquitectura liberada, pretendía superar la rigidez que trae consigo toda ortodoxia lingüística . Lo cierto es que la igualdad ha devenido en igualitarismo, en disputas sociales. Y, finalmente, el olvido de los valores esenciales y propios del hombre, ese "vale todo" postmoderno, ha otorgado a la ideología y a la economía un "puedo todo" mercantilista.

¿Qué le ocurrió a la Arquitectura durante ese tiempo? En la mayor parte de los casos, ante la falta de nuevas ideas, de modelos que rompieran falsas tendencias, apuntó a la investigación lingüística, al juego formal, a decir lo mismo pero de diversas formas. El lenguaje en la arquitectura, como en otros medios de expresión y comunicación, es la manifestación de la actividad intelectual y simbólica de los miembros de una sociedad, esto es, de un pensamiento, sin el cual el lenguaje se queda reducido a reacciones emocionales.

Por ende, el pensamiento actual débil y fragmentario ha suscitado un auge de la arquitectura experimental, reactiva y emocional. Sin entrar a valorar posiciones radicales, o la arquitectura bioclimática que emerge con fuerza, predominan dos grandes tendencias: el Minimalismo, herencia del racionalismo, y la que podríamos llamar arquitectura Eco-naturalista. El Minimalismo es de largo recorrido: el "menos es más" que introdujo Mies, se ha ido decantando en distintos lenguajes o dialectos con notas propias. En esa línea trabajan arquitectos como Tadao Ando, Álvaro Siza, Herzog & De Meuron, Steven Holl o Weil Arets. El Eco-naturalismo, basado en la complejidad del mundo natural, surge ante el cansancio y la rigidez formal del movimiento moderno. Formas ondulantes, "babosas" o diversos esquemas análogos a las estructuras orgánicas, vegetales o minerales se han impuesto frente al ángulo recto y el espacio euclídeo. Actualmente Frank O. Gehry, Renzo Piano, NOX o incluso Peter Eisenman, que ha cambiado de discurso, realizan sus proyectos con formas extraídas del contexto natural y utilizando el espacio topológico.

Rem Koolhaas en una intervención.
 

 

Rem Koolhaas se escapa de cualquier clasificación que hiciéramos. Lo que sí es seguro es que se trata, junto con el japonés Toyo Ito, de uno de los arquitectos más interesantes, no sólo por su arquitectura sino por su pensamiento y personalidad, cuya influencia alcanza a la sociedad y al resto de las arquitecturas mundiales.

 

 

 

 

 

                 

"Koolhaas propone un nuevo territorio mental, un territorio espacio-temporal regido por las leyes del mercado, la nueva demografía de intercambio racial y el pluralismo cultural, cuyo principal motor sería la acción palpitante de la globalización."

 

 

Rem Koolhaas nació en Rotterdam en 1944, trabajó como guionista de cine y ejerció de periodista. Aunque en España es menos conocido que Norman Foster o Álvaro Siza, fue galardonado con el Pritzker, el Nóbel de la Arquitectura, en el año 2000. A finales de los años sesenta marchó a Londres para estudiar en la Architectural Association, que por entonces, bajo el influjo de Archigram, defendía la tecnología frente a la forma. Posteriormente, en 1972, dio el salto a USA, donde trabajó en la Cornell University de Nueva York bajo la tutela de Oswald Mathias Ungers y en el Institute for Architectural and Urban Studies dirigido por Peter Eisenman. Buena parte de su libro "Delirious New York" la debe a esa última etapa que le situó en la línea de salida para una carrera larga y exitosa desde hace ya varias décadas. En 1975, fundó, junto a Elia y Zoe Zenghelis y su mujer Madelon Vriesendorp, la Office for Metropolitan Architecture (OMA). Para entender su arquitectura resulta imprescindible situarse en el contexto social y cultural de los Países Bajos, aunque él es un trotamundos que ha residido en Indonesia, Londres y Estados Unidos.

En Holanda existe una conciencia social muy acentuada, quizá por varios factores que han influido en su desarrollo social y económico. Es llamativo que en el centro de Ámsterdam se mantenga una estatua a un discípulo de Karl Marx. Probablemente como vestigio de la admiración, ya moderada, por los revolucionarios soviéticos, artífices de promesas para una sociedad basada en ideales como el utilitarismo, el funcionalismo y la abstracción. En clave arquitectónica, esos valores implican: utilidad social, pragmatismo y defensa de los materiales modernos frente a la estética tradicional. El racionalismo y la economía de medios de sus vecinos alemanes han dejado también huella en sus ciudades con un más que notable exceso de planificación. El urbanismo holandés ha sido siempre modelo en el que se han fijado otros países.

Sin embargo, lo que más ha forjado el carácter de los holandeses ha sido sin duda la condición de delta fluvial de todo el país. Constituye un territorio entre aguas, de límites variables, que ha conseguido convivir estrechamente con el agua, en ocasiones con sabor de supervivencia. Los holandeses son los que más deben a Arquímedes y su teoría de vasos comunicantes. El agua y su incesante travesía forma parte de la vida urbana cotidiana, sin desdeñar los grandes trabajos de hidrodinámica de las esclusas, los pólderes o los enormes diques de contención en el Mar del Norte. La asimilación de los terrenos artificiales ganados al mar o a las aguas dulces ha facilitado una disolución entre lo natural y lo artificial. Es un país naturalizado y regado permanentemente por canales de agua, cuya belleza tiene más que ver con la estimulante animación que produce el agua que con el propio territorio, llano y homogéneo hasta la saciedad. A la vez, el agua supone una amenaza destructiva que puede derribar fronteras y con ellas la vida. Esa "realidad líquida" del país ha conferido a los habitantes de Holanda una cierta mentalidad propia del marino, del viajante o del navegante, que concilia el riesgo y el respeto por las aguas en ese permanente recalar de puerto en puerto sin más remedio que estructurar su vida en un perpetuo nomadismo.

El protestantismo, o su versión calvinista, ha incidido en el pragmatismo y perfeccionismo holandés. Se manifiesta a la hora de optimizar todo, en el detallismo y en el normativismo, a veces excesivo, que les ha conducido a un ligero pero presente estallido de libertad. Los países de mayoría católica han sabido conjugar mejor esa doble faceta entre la vida y la norma, entre el orden y el desorden. Curiosamente los católicos estuvieron en la clandestinidad durante dos siglos hasta que en 1850 obtuvieron la libertad de culto. También el afán de transparencia purista se muestra sin recato en las casas con grandes ventanales que ya, con un tinte formalista y como si se tratara de escaparates comerciales, compiten por mostrar sus productos adquiridos como souvenir en sus últimos viajes.

Otro fenómeno llamativo es su escala "modesta". De hecho, eluden el exceso de representación formal en casi todos los aspectos. La arquitectura no ha desempeñado ningún papel en la imagen que la ciudad proyecta sobre sí misma. La monumentalidad urbana no ha existido, ni siquiera el Palacio Real de la Haya se escapa a esa tendencia. En su lugar las urbes tradicionales resultan intimistas, rebosantes de optimismo y colorido, con rincones cuidados, reflejo de esa escala hogareña que rezuma la pintura de Vermeer. Sin embargo, desde la óptica actual podrían leerse como más propias de un parque temático con ribetes nostálgicos y algo empalagosos. En general la sociedad holandesa se resiste a reconocer lo que entraña la pintura abstracta de Mondrian, más cercana al pensamiento actual y en contra de lo que supuso la pintura flamenca, aunque en nuestros días aspiren a superar la rigidez de la abstracción.

Todo esto está cambiando, y una muestra es el logro económico de Holanda. En este momento los Países Bajos se han convertido en una economía abierta e internacional, y esa realidad ha superado las ideologías u otras circunstancias. Podríamos pensar que se debe a su capacidad de cambio, aunque sería más acertado afirmar que en el fondo del carácter holandés destaca su talento comercial, su valía para los negocios. Esa señal de identidad ha propiciado que su mirada se centre en los Estados Unidos y los reconozcan como paradigma del progreso, como una sociedad moderna que prospera económicamente.

Quizá tras la descripción del contexto holandés podamos entender mejor por qué Koolhaas introduce con su pensamiento arquitectónico una nueva ética relacionada con el desarraigo y la desterritorialización. Él propone un nuevo territorio mental, un territorio espacio-temporal regido por las leyes del mercado, la nueva demografía de intercambio racial y el pluralismo cultural, cuyo principal motor sería la acción palpitante de la globalización. Algunos le han llamado el nuevo Le Corbusier por esa visión amplia de la arquitectura como instrumento de cambio social . Sus propuestas sobre la ciudad moderna son realmente atractivas, pero entremos de lleno en su pensamiento.

El cine ha sido siempre el campo de pruebas de todos los sueños futuristas. Koolhaas, que ha trabajado en ese medio, ambiciona trasladar sus sueños ulteriores a la arquitectura. Para conseguirlo introduce las técnicas cinematográficas: él sabe que es el gran medio actual de comunicación y a la hora de proyectar hace uso de la estética y la psicología del cine. Le interesan aspectos como el movimiento, la profundidad de campo, el plano, el papel del sonido, el ritmo y, especialmente, el montaje. No olvidemos que Koolhaas es un infatigable buscador de lo nuevo. Frente al mundo occidental instalado y aburguesado en tantos aspectos, sumergido en el «ciego y sordo» capitalismo, no duda de partida en sacudirse todo lo que pueda ser una rémora en su proyecto de futuro. Su actitud indiscutiblemente positiva aspira a remover del cómodo sillón, sin protestas ni miradas melancólicas, a la «arquitectura sistema». En ese sentido es un «arquitecto revolucionario» que rememora a los soviéticos. Ciertamente sus proyectos urbanos recuerdan la arquitectura suprematista de Iván Leonidov , que aunque apenas pudo construir, su pensamiento ha dejado una honda huella en las propuestas urbanísticas del holandés. Aparte de ese probado interés por los constructivistas rusos, en su arquitectura se intuyen las pericias de un tipo de cine: un cine mezcla de constructivismo y surrealismo, el primero por su atención al proceso de montaje, urdidor de nuevos modos de recorrer, de comunicar el espacio. Y el segundo, por el valor singular que otorga a lo irracional e inconsciente.

1995-1997, Educatorium, Rem Koolhaas (OMA)
Campus de la Universidad de Utrech (Países Bajos)

De la cámara fija al travelling espacial

El cine, a diferencia del resto de las artes, supera la condición estática y opera con el dinamismo de la imagen en movimiento. El movimiento en las películas se consigue principalmente de dos formas: mediante una cámara fija donde los personajes se mueven dentro de un encuadre, o a través de fragmentos con distintas tomas de la acción que se van engarzando en continuidad por medio del montaje. Koolhaas maneja el travelling arquitectónico con gran acierto. En sus edificios se percibe una gran fluidez espacial sin renunciar a la importancia de los aspectos psicológicos, dramáticos y descriptivos. Utiliza el flash back con frecuencia para infiltrar referencias cultas en sus obras a fin de hacerlas más «digeribles», como ocurre con el Kunsthall de Rotterdam, que recuerda la Galería Nacional de Mies Van der Rohe en Berlín; crea movimientos ilusorios con objetos estáticos: por ejemplo, también en el mismo edificio, cuando coloca barandillas cruzadas en las escaleras, o introduce situaciones dramáticas mediante relaciones espaciales entre dos elementos distintos.

Pero tal vez sea su estancia en América la que explique mejor la concepción de su arquitectura. Allí se percata de la importancia del factor tiempo ligado a la acción y al movimiento. La América de Koolhaas ha sido la deseada promesa de futuro, un medio extremo y extraño, un reino de puro movimiento, libre de lastres históricos . Las transformaciones americanas, y especialmente Nueva York, le dejan perplejo. Hay ciudades como Atlanta o Houston que en muy poco tiempo han sido capaces de asimilar grandes cambios. Son urbes que han dejado atrás un modo de vida para pasar a otro sin grandes traumas. Esa capacidad para el cambio radical ―tanto de aspecto como de concepto― le lleva a intuir el escenario actual como un espacio líquido y turbulento, donde impera un cierto desorden y se da un proceso de mutación y de continuos flujos. Cabría decir, por tanto, que el hombre para Koolhaas, y aquí hay algo del genuino pensamiento zen, debe fundirse con el universo fluido. Por eso llegará a decir que un planeamiento urbanístico erróneo puede acabar con la vitalidad de las urbes a base de llenar vacíos o hipotecar futuros cambios.

El aburguesamiento occidental lo ve en ciudades como Amsterdam, que mantienen su fisonomía como puro atractivo turístico, frente a otras ciudades como Rotterdam que reflejan el dinamismo y el cambio permanente de la vida. En ese torrente vital no cabe lo repetitivo y rutinario. En el fondo piensa que se sigue operando desde el rígido metamundo reticulado de la abstracción, de la racionalidad y el procesamiento de datos, es decir, desde el metamundo de lo ideal. Un mundo en definitiva estático, donde reina el excesivo tecnicismo, las geometrías muertas, y que permanece ciego a las dimensiones temporales. Se está refiriendo a arquitecturas cerradas al mundo topológico de la materialidad fluida.

1992, Kunsthal, Rem Koolhaas (OMA)
Rotterdam (Países Bajos)

"En Holanda, el trabajo de Koolhaas no es muy comprendido. Sus edificios son rompedores por la frescura que destilan, aunque sus acabados algo toscos y con propuestas conceptuales que alteran el paisaje urbano tradicional. Sus obras son difíciles de asimilar para una sociedad acostumbrada al detalle."

Lo nuevo, sin embargo, aparece y se manifiesta en condiciones extremas de rendimiento, en un contexto extraordinariamente móvil de flujo material frenético. Hay deportes, como el puenting, que conjugan el riesgo y el peligro en una situación límite. Ese tipo de actividades reflejan bien la nueva ética que propone como actitud vital, desde la cual, una vez conquistada y habitada, se puede hallar una nueva arquitectura. En esas condiciones límite, lo planeado se viene abajo como consecuencia del peso de las abundantes variables que circulan a gran velocidad. Hay que dejar paso, y ahí está lo interesante, tanto a fuerzas espontáneas de la intuición como a formas arcaicas de proceder que brotan a través de sentimientos, gestos, etc., de tal manera que faciliten el despliegue de uno mismo. Kwinter, para explicar su postura contrapone la actitud de los pilotos de antes en formación de vuelo, con la del piloto de caza actual, que se hace uno con el avión y decide sobre la marcha y a toda velocidad. Así identifica él a Koolhaas en su modo de pensar, y concluye: finalmente, el triunfo será de aquel que en esas condiciones límite que contienen los campos de acción actual, dentro de las restricciones que impone el riesgo y el peligro, logre aproximarse más al punto de mayor rendimiento, sin sobrepasarlo ni quedarse corto.

 Si no hay dinero, no hay detalles

Desde sus inicios el cine ha sido el resultado de las imágenes rodadas directamente sobre la escena donde se desarrollaba la acción. Sin embargo, los constructivistas rusos Pudovkin y Eisenstein abrieron la posibilidad, a través del montaje, de seleccionar fragmentos de la realidad en el espacio y en el tiempo; y por razón de esa operativa fragmentaria, construir un nuevo espacio fílmico. De esa manera y con un fin determinado se podrían producir efectos sensoriales, psicológicos o emotivos. Koolhaas, como veíamos, opera de un modo análogo en su arquitectura: en un primer momento sus obras pueden producir un «efecto sacudida», por no decir de rechazo o provocación, pero más tarde gana la partida en el terreno emocional o sensorial y logra conquistar al visitante de sus edificios.

Esa experiencia real, como sucede por ejemplo en el Educatorium de Utrech, obedece a la preocupación de Koolhaas por la economía, ligada al interés social de bajar costes, de obtener más por menos. Esta optimización de los recursos le encamina, al margen de cuestiones ideológicas o semánticas, a centrar los esfuerzos en la organización material, topológica y espacial de sus edificios, que se plasman en algunas ocasiones en soluciones de aspecto poco refinado. En su opinión: se presta mucha atención al empaquetado del espacio pero no al espacio en sí . En Holanda, el trabajo de Koolhaas no es muy comprendido. Sus edificios son rompedores por la frescura que destilan, aunque sus acabados algo toscos y con propuestas conceptuales que alteran el paisaje urbano tradicional. Sus obras son difíciles de asimilar para una sociedad acostumbrada al detalle; por eso él asevera: «si no hay dinero, no hay detalles, sólo puro concepto». Evidentemente rematar bien las obras resulta trabajoso y terminan por ser económicamente poco rentables.

1992, Kunsthal, Rem Koolhaas (OMA)
Rotterdam (Países Bajos)
 

La cuestión económica en la arquitectura está vinculada al gigante de la globalización, esa máquina homogeneizadora, que anula identidades y nos hace forasteros de nuestras propias ciudades. El rascacielos americano se ha convertido en la tipología edificatoria del siglo XXI. Se construyen rascacielos en Singapur, Brasil o Arabia Saudita, lo mismo da, es el emblema del capitalismo absoluto, que relativiza el contexto y plancha las singularidades. A favor, se abren los mercados internacionales y se abaratan los costes. Koolhaas se manifiesta acérrimo defensor de la globalización. En Asia, por ejemplo, defiende la belleza de la simultaneidad entre los lustrosos y nuevos rascacielos, y los pobres y tradicionales edificios llenos de autenticidad.

Para él, el hombre del siglo XXI es mediático, sobra por tanto el encuentro y la comunicación física. Esa idea de la calle y la plaza como dominio público –dice-pertenece al pasado, ha desaparecido. Del mismo modo, percibe como mediocre lo cotidiano y todas las operaciones repetitivas y rutinarias abstractas. «Los arquitectos lo vemos según un modelo nostálgico y en un sentido increíblemente moralista, y rechazamos los signos de su reinvención en términos más populistas y comerciales» . La propuesta es seductora: borrón y cuenta nueva. Abandonemos las nostalgias paralizantes y reinventemos el presente. El mismo Mies van der Rohe estaría de acuerdo con esas afirmaciones pues pensaba que la nostalgia por los ideales del pasado era un fin falso, y la mera expresión personal, un medio inadmisible. Pero existe una necesidad universal e interpersonal de comunicación física, de encuentro, que obedece a la realidad del hombre como ser relacional que no podemos obviar. Eso sí, volvamos a llenar de experiencia y vitalidad esos conceptos haciendo uso de los medios actuales. También cabría preguntarse si la reinvención hay que orientarla en la dirección exclusiva de lo popular y lo comercial, y renunciar a la búsqueda de soluciones auténticas por rendirse a la presión consumista y a la revolución electrónica, es decir, ir a lo que más interesa o resulta más rentable. Hay realidades, como el dolor, poco populares, y ausentes totalmente del mercado, que lo son con independencia de mayorías o minorías y que reclaman nuevas soluciones arquitectónicas, sin repudiar el pasado ni anclarse en él. La espontaneidad, la frescura, son sin duda valores muy necesarios pero siempre y cuando no traicionen el rigor, la cultura o las convicciones por seguir una estrategia populista.

"No es la distancia que da el rigor lo que busca Koolhaas, sino la distancia del ejecutor que elabora un producto: de ahí que sus edificios últimos se formalicen como contenedores imaginarios."

 

 

2004, Biblioteca Central Pública, Rem Koolhaas (OMA),
Seattle (USA)

Arquitectura anti-sistema y fuera de control

Así como el surrealismo, a base de rechazar el racionalismo, el orden moral y las leyes estéticas del momento, trató de trasladar las fuerzas del inconsciente y los sueños al cine, Koolhaas experimenta el resultado formal que aparece en la arquitectura cuando se pone distancia a lo convencional, a la ética o la cultura dominante. En el rodaje de Un perro andaluz, Buñuel comentaba: «trabajamos acogiendo las primeras imágenes que nos venían del pensamiento y en cambio rechazábamos todo lo que viniera de la cultura o de la educación». Especialmente en sus primeras obras, el fundador de OMA introduce elementos de una gran carga simbólica que proporcionan a la vez una arquitectura liberalizadora, fuera de las normas al uso, abierta a lo que viene de dentro y a las energías auténticas que mueven la sociedad: la técnica y la economía.

Según él, renunciar a todo lo que venga dado, como la tradición, la historia, etc., en aras de la libertad formal, es imprescindible para conseguir que nada ejerza un control sobre el modo de proyectar. Lo nuevo, parece querer decir, no tiene cabida en un universo moral prefijado ―esa visión cosmológica fija y trascendente, constreñida por la metafísica―, porque no sería capaz de responder a las provocaciones vitales de un mundo histórico en movimiento. Lo que le interesa es la libertad de conducta sin patrones ni modelos. En resumen, Koolhaas sostiene que objetos descontextualizados que se salten las normas o los criterios establecidos, es decir sin estar bajo el control de las reglas habituales, a pesar de implicar una experiencia violenta, pueden acercarnos a una situación donde emerjan cualidades diferenciadoras o nuevas significaciones sin explorar. En ese proceso, y sin descartar algunas manipulaciones, podrían surgir formas distintas de orden o híbridos desconocidos.

Esta apuesta, que impregna toda su arquitectura, es la suma de tener la ciudad americana como enfoque panorámico o telón de fondo de sus propuestas. Moneo lo capta muy bien: «El modelo para Koolhaas es la ciudad espontánea, la ciudad fruto de un desarrollo no controlado, un prototipo que no se ha producido en ninguna parte con tanta potencia y energía como en las ciudades americanas» . Esas moles de piedra, que en sí ya poseen una enorme presencia, y que responden a edificios separados colocados bastante al azar, sin ningún tipo de cohesión, en un paisaje más o menos objetivo podrían ser ciudades que hoy están en América, Europa o Asía . Para él representan el populismo, la cultura de masas, la colectividad, la anulación de personalismos. En definitiva: el pueblo, donde el sujeto y el objeto se diluyen. Esa gran escala, junto con los mecanismos de producción del mercado, facilita hasta cierto punto el anonimato del arquitecto y deshace el culto personal, el prurito del artista autor. Como decía Kahn: obras como las de Mies, en las que el autor parece que se distancia, pueden contribuir de un modo más universal al desarrollo de la arquitectura. No es la distancia que da el rigor lo que busca Koolhaas, sino la distancia del ejecutor que elabora un producto: de ahí que sus edificios últimos se formalicen como contenedores imaginarios.

"Al igual que ocurre con los "productos cinematográficos", su arquitectura aglutina un conjunto de ingredientes pensados para acertar con las condiciones del mercado imperante."

El merchandising arquitectónico

La arquitectura de Koolhaas, aun siendo radical, responde a una estrategia muy clara: elude los extremismos, no le interesan los manifiestos exagerados, sabe que de esa manera sus obras serían más fácilmente rechazadas. Aprovecha referencias arquitectónicas de los grandes maestros: Le Corbusier, Mies, etc. Las añade convenientemente en cada proyecto para convertirlas en catalizadoras de una serie de trasgresiones, que introduce con cierta intención de provocación o de escándalo. Explota la corriente a favor de la cultura del consumo con unas construcciones de presupuesto reducido que inciden de lleno en las demandas sociales. Maneja como nadie el potencial propagandístico de la arquitectura moderna mediante las técnicas de marketing y una cuidada presentación mediática. Las formas de sus edificios no corresponden ni a la función, ni a modelos ideales. Su pensada arquitectura reemplaza las ideas o las esencias por una estructura de relaciones utilitaristas y pragmáticas de la realidad, publicitadas genialmente. Sus intervenciones desconciertan y no esconden, a pesar del pastiche reinante en las ciudades, un exterminio programado de la arquitectura representativa agotada ya en su semántica.

El saldo es agridulce aunque sugerente en cuanto nuevo. Se ha logrado instalar en el campo del deseo con la eliminación de fronteras entre el sujeto y el objeto. Todo es posible cuando, por medio de manipulaciones, se violentan los procesos naturales o se rompen los criterios depurados por el tiempo. La belleza, entonces, no es resplandor de nada sino simple maquillaje típico de una operación «marketiniana» o mediática obtenida tras múltiples pruebas experimentales. Al igual que ocurre con los "productos cinematográficos", su arquitectura aglutina un conjunto de ingredientes pensados para acertar con las condiciones del mercado imperante: materiales vistosos, espacios divertidos y amplios, efectos especiales imprevisibles, exhibición estructural, incertidumbre espacial, flash backs o resonancias cultas intercaladas, interferencias artísticas con otros medios, como el cómic o la publicidad, sorpresas coloristas, etc. Sus edificios fuerzan, como algunas de las películas actuales, un comienzo donde el relato se adelanta al título. Ya has entrado pero no te has enterado, no sabes si es la puerta trasera o la principal, aunque estás metido de lleno en el "film", que consigue atraparte hasta un final fluido e inesperado. No hay espacio para el aburrimiento, todo flota o fluye en un continuo mar de incertidumbre, caos, velocidad y acción que no decae hasta el final. El formato o esquema torea siempre los modelos clásicos o estructuras organizadas. El resultado de la película es desconcertante: ha pasado de todo y no queda nada. Según él, «donde no hay nada todo es posible », pero la libertad total acaba negando la propia libertad y la propia arquitectura se torna en anarquía nihilista. Cuando la creatividad es arbitraria se convierte en vacía. Como no existe el creador puro ―esa falsedad entra en contradicción con su esencia―, se incurre en la disolución de lo creativo.

2008, Edificio de la CCTV. Estudios centrales TV, Pekín (China)

A Koolhaas le gustaría cambiar el mundo. Él sí cree que sea posible, y afirma que tanto las escuelas de arquitectura como los arquitectos han obstaculizado esa posibilidad. No le falta razón: la tendencia humana a legislar, a hacer norma de todo acaba ahogando la vida, la espontaneidad. No parece que cambiar el mundo, la ciudad o la arquitectura tenga como término hacerlos peores, será para mejorarlos. Pero se mejora con arreglo a algún valor, tipo de creencia, ética, moral o patrón. Porque desligarse del componente ético significa desligarse del hombre mismo, de lo que somos. Esa actitud actual, que en el fondo supone no aceptar nuestra realidad humana y pensar que el hombre es sólo libre en rebeldía, es decir sin que cuente la responsabilidad, se plasma en una arquitectura aparente que busca el poder. Una arquitectura que quiere dominar y de la que el hombre se vale para determinados intereses.

No parece que su mensaje pregone evadirse de las reglas, pues finalmente esa conducta se convertiría en regla, y por tanto en su propia trampa. Las leyes y las reglas son necesarias, ni siquiera en el juego ni en los deportes el hombre ha logrado zafarse de ellas. Más bien parece invitarnos a saltar los obstáculos, como cuando Braque decía que los objetos, los motivos, no son más que una especie de resistencia, una barrera en el fluir del mundo: conviene ahora romper esos objetos .

Eso es lo que realmente puede resultar refrescante en el mensaje de Koolhaas que, al igual que los pájaros se entregan al aire que los sostiene, él trate de sobrevolar los parapetos académicos y reglamentísticos, evadiendo sus regímenes de control a fin de obtener la máxima potencia creativa en sus proyectos. Por el contrario, si ese saltar vallas y sobrevolar se torna en un vuelo eterno y angelical, estaríamos de nuevo ante la manida utopía, a la que él es claramente refractario. De la misma manera, la propia historia, el mejoramiento personal y la identidad cultural son claves de nuestra acción y en último término de la propia arquitectura ¿Para qué construimos? Sin esas bases todo acaba en idealismos o utopías en busca del paraíso perdido. Las consecuciones de la técnica, de la ciencia o de la industria no son el fin de la arquitectura, sino el hombre mismo, en su buen vivir humano, en el perfeccionamiento personal de sus relaciones comunitarias y de su cultura.

" (...) tengo para mí que el hombre habitante del rascacielos no se encuentra más acompañado sino más solo. No olvidemos que donde hay masa hay soledad, que cuando el hombre se convierte en objeto aparece la desazón, el vacío"

Delirious New York

Nueva York es una ciudad poderosa, con gancho, seductora. Es fácil dejarse llevar y terminar delirando. Koolhaas, que estudia a fondo el efecto Manhattan, ha gustado el elixir de la metrópoli americana, ha saboreado sus fuertes contrastes y ha sabido extraer los elementos que hacen diana en el motor de la sociedad y en el modo de vivir actual . En los felices años sesenta las ciudades americanas emergieron con grandes edificios modernos, y el caos se apoderó de ellas reclamando una cierta unidad. La ciudad se convirtió en repetición, monotonía y aburrimiento, como protestaba Venturi . Él sostenía que los arquitectos ortodoxos habían impartido unas enseñanzas simplistas que privaban a la ciudad de la riqueza de la variedad, de la vitalidad del cambio. En el fondo lo que cuestionaba era el valor del control de las instituciones, de la filosofía, y también de las vanguardias. Se había producido el estallido de libertad y el Pop Art se encargaba de tirar por la borda la imagen de un arte culto y serio. Se empezó por la ironía y se acabó en el "vale todo" postmoderno.

1978, Portada del Libro "Delirious New York"

El socialismo actual, frente a otros modelos, defiende la congestión urbana o el modelo intensivo como figura ideal del planeamiento urbanístico. Paradójicamente, y debe ser que los extremos se tocan, la congestión edificatoria neoyorquina ha supuesto vitalidad, pluralidad social, dinamismo de los mercados, potenciación arquitectónica y artística, dominio de nuevas técnicas, globalización..., logros en fin de la sociedad americana y del capitalismo, pero tengo para mí que el hombre habitante del rascacielos no se encuentra más acompañado sino más solo. No olvidemos que donde hay masa hay soledad, que cuando el hombre se convierte en objeto aparece la desazón, el vacío. Erich Fromm afirmaba con contundencia que el anhelo de unión interhumana es la aspiración más poderosa de la persona. Koolhaas confía en los nuevos e intensos modos de comunicación que proporcionan las grandes urbes, pero a veces esa comunicación resulta ficticia, y con frecuencia reducida al ámbito de los intereses comerciales y utilitaristas.

El intento de crear una civilización única de rascacielos, vaqueros y coca-cola, a costa de perder lo auténtico y lo más propio de cada región, no ha hecho disminuir la distancia entre las personas, más bien se ha decantado en formas de conducta superficiales y externas, y en la afloración de los regionalismos. Es verdad que ha aumentado el conocimiento y la riqueza material en las urbes, pero en otros aspectos se ha perdido peso y profundidad. Sólo el trato físico, la relación mutua y el respeto hondo a las diferencias, pueden lograr un mayor calado en la comunicación. Cuando impera la mentalidad economicista en último término, hay una serie de valores que resultan inútiles y el espíritu humano no es ya primariamente receptivo: no recibe, sino que es sólo productivo.

Hay que reconocer, en cualquier caso, que la arquitectura de Koolhaas es de cine, engancha y seduce. Sus últimas obras avalan una trayectoria que cuenta con grandes logros en su indiscutible y brillante carrera profesional, aunque me temo que el tipo de hombre que trasluce su arquitectura es el de los rascacielos: un solitario ―ese ser-solamente-yo, algo opuesto al destino íntimo de la persona―, y un amante de la realidad filmada, que en muchos casos ha llegado a sustituirse por la realidad real.

 

Conferencias, Prensa, Exposiciones y Traducciones

CONFERENCIAS Y COMUNICACIONES

 

El Parque Sinestésico

IV Int. Conf. Synesthesia: Science and Art

Almeria, 16–19th February 2012

 

Arquitectura holandesa 1920-2010

Universidad Camilo José Cela

Comunicaciones de tres obras y un proyecto

EXPO Zaragoza "Paisaje, Agua y Sostenibilidad"  

World Trade Center Zaragoza, l 26-28 junio www.paisajes08.com

 

Participación en el Planeamiento Urbanístico

Instituto de Fomento Empresarial

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Diseño de viviendas de VPO

Instituto de Fomento Empresarial

Hotel Villa Magna. Madrid

 

El arte como transparencia interior

Instituto de las artes

Facultad de Bellas Artes, Madrid

 

Espacio sacro: último refugio de la sombra

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Vivienda ecológica

Infodomus

Construcción sostenible y edificios inteligentes, n.4

 

APL Arquitectos

Diario La Razón

4 abril "Avance Empresarial" p. 61

 

Proyecto de Reurbanización

Diario El Iceberg

25 enero. Selección propuestas concurso El Álamo

 

Proyecto de Reurbanización

Diario QUÉ!

26 Enero. Sección Madrid

 

"Parque Lineal de Valdepeñas"

Tecnoroca

n. 26

 

   

 EXPOSICIONES COLECTIVAS DE DIBUJO Y PINTURA

 

Évora, a cidade e o territorio

Palacio D. Manuel, Portugal

 

La imagen de la Alhambra

Fundación Cultural COAM

 

Exposición de pintura

Círculo de Bellas Artes, Madrid

 

La poética de la Ciudad

Palacio de Carlos V, Granada

 

Visiones sobre Cáceres

Colegio de Arquitectos de Extremadura

 

Dibujos de Arquitectura

Universidad Politécnica de Las Palmas. Casa de Colón

 

 TRADUCCIONES  

 

John Lautner

Taschen

(Trad: inglés-español)

Building a new Millennium

Taschen

(Trad: inglés-español)